La gran lección egipcia

08/Jul/2013

La República, Egon Friedler

La gran lección egipcia

GOLPE DE ESTADOEgon Friedler
Como era de temer cuando el presidente Mohammed Morsi no respondió al ultimátum del ejército, su gobierno, elegido por una exigua minoría en elecciones libres un año atrás, ha sido destituido por el ejército. Técnicamente se trata de un golpe de Estado.
Sin embargo, hay una serie de circunstancias que convierten a esta indiscutible interrupción del proceso democrático en algo parecido a la implementación de un referéndum popular no refrendado formalmente en las urnas, sino proclamado dramáticamente por los millones de egipcios movilizados en las calles de El Cairo y de otras ciudades egipcias.
Los acontecimientos en Egipto tienen una trascendencia histórica porque por primera vez definen una tendencia clara en los procesos turbulentos en el Medio Oriente conocidos por la hoy desprestigiada fórmula “primavera árabe”.
Entre la modernidad y la utopía teocrática que pretende imponer en el siglo XXI un estilo de vida del siglo VI, ha ganado la primera. Internet ganó la pulseada con el Corán. Las causas de esa gran derrota son evidentes. Morsi y la hermandad musulmana apostaron a hacerse con todo el poder.
Utilizaron la democracia para socavarla mediante el intento de imponer un cambio constitucional que crearía un sistema de gobierno autoritario. Por lo demás, no pudieron equivocarse peor con las prioridades. En lugar de hacer frente a los acuciantes problemas económicos y sociales del país, trataron de imponer su visión reaccionaria de la moral y la organización social a toda la sociedad. Su indiferencia e ineficacia para hacer frente al grave deterioro de la economía puso en evidencia su pérdida de sentido de la realidad y su inoperancia como equipo de gobierno. Por otra parte, no solo ignoraron los derechos de las minorías sino que alentaron a la discriminación y la violencia.
Nadie puede estar seguro de cuál será el desarrollo de los acontecimientos en los próximos meses, pero sin duda el golpe del ejército, en apoyo a gigantescas movilizaciones populares, da una clara lección a las fuerzas islamistas en pugna por el poder en el Medio Oriente, y en primer lugar al arrogante primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan.
Su idea de la democracia como un tren para llegar al poder y del que es posible bajarse una vez alcanzado, ha demostrado ser incompatible con sociedades cada vez más impacientes y menos dispuestas a sufrir regímenes autoritarios insensibles a su bienestar y sus preocupaciones. Asimismo, ha demostrado ser una pésima idea la de despreciar a la minoría, aun cuando esta sea casi la mitad del país. En una palabra, los pueblos se hartaron de ser eternamente manipulados por gobiernos autoritarios, tengan o no el aval de una elección que han ganado por razones coyunturales. En Egipto, los Hermanos Musulmanes pretendieron contar con el apoyo de todos los votantes para imponer un regreso a un estilo de vida archiconservador repudiado por los sectores juveniles y por las fuerzas más dinámicas de la economía. Sin embargo, fue notorio el hecho de que muchos de sus adversarios votaron por ellos solo porque el otro contendiente con chances de ser electo era un general del equipo del depuesto presidente Mubarak, por lo cual optaron por lo que consideraron el mal menor.
De todos modos, quienes hereden el gobierno no van a tener una vida fácil. Egipto tiene un gran territorio pero la mayor parte del mismo es desierto. Tiene una población de 84 millones de habitantes que alimentar y, con un déficit del 12% del Producto Interno Bruto y la necesidad de subvencionar los alimentos esenciales, los herederos de Morsi tendrán que hacer frente a grandes dificultades. Como para complicar más aún las cosas, Etiopía parece dispuesta a construir una represa en el Nilo que le quitaría a Egipto un considerable caudal de agua. Algunos analistas especularon incluso con la posibilidad de una guerra entre Egipto y Etiopía por este tema. Sin embargo, todo parece indicar que el ejército egipcio, que hasta ahora ha actuado con habilidad y prudencia, no va a lanzarse a una aventura semejante. Pero el Medio Oriente puede ser imprevisible.
Por ahora, lo único evidente es que el islam político ha sufrido una gran derrota. La gran lección egipcia es que no basta con creerse predestinado por Alá para gobernar con éxito. También hay que saber gobernar para el mundo de hoy, lo que significa, en primer lugar, comprender la complejísima realidad actual, mirar hacia el futuro y dejar de inspirarse en un pasado mítico carente de todo significado para el mundo globalizado de hoy.